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Material recopilado


Encuentro para la Memoria de las Mujeres en Aramaio


 

Salón de Plenos del Ayuntamiento · 13 de octubre

 

 

La tarde del 13 de octubre, el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Aramaio acogió el primer Encuentro para la Memoria de las Mujeres en la Historia de Álava, impulsado por la Diputación Foral de Álava. Las sillas dispuestas en círculo, el ambiente cercano y el uso natural del euskera y el castellano crearon un espacio cálido, preparado para escuchar y recordar colectivamente.

 

La sesión comenzó con una presentación del proyecto y del propósito que lo sostenía: revisar la historia desde las vidas, trabajos y saberes de las mujeres alavesas. En este encuentro, la huella seleccionada para Gorbeialdea —el linaje de curanderas y parteras formado por María Trojaola y su hija Rosalía Ormaetxea— actuó como punto de partida para abrir la memoria familiar y comunitaria del valle.

 

Muy pronto fueron las propias asistentes quienes comenzaron a reconstruir la historia. La primera voz fue la de la familia de las protagonistas, que aportó los recuerdos transmitidos por generaciones. Una nieta relató:

“Mi padre, hijo de la curandera María, contaba que su madre había aprendido de una enfermera de Oñate… Le enseñó a curar heridas, piernas rotas. La casa estaba siempre llena. A los que tenían rota la espalda les metían en una caja para inmovilizarles.”

 

A partir de este testimonio inicial se abrió un mosaico muy rico sobre la figura de María Trojaola: la casa siempre llena, las curas hechas “sin anestesia, a base de gritos”, personas que venían desde Mondragón o Elorrio, y una habilidad que traspasaba generaciones.

 

Una de sus nietas que había “vivido en esa casa” recordaba cómo, siendo niña, veía a su abuela poner huesos en su sitio con firmeza, mientras otra contaba que todavía hoy un hombre de Mondragón presume de que “la curandera” le dejó el brazo “de maravilla”. Los relatos coincidían en describir un saber práctico transmitido de madre a hija, una autoridad reconocida en todo el valle y un sistema de salud comunitario en el que la figura de María era un referente casi ineludible.

 

La figura de Rosalía, la hija, fue apareciendo entre recuerdos que mezclaban admiración y resistencia. Una de las mujeres de la familia explicó cómo decidió estudiar en Valladolid:

 

“Mi madre siempre decía que quería más, más. Que quería estudiar enfermería. Y la abuela le dijo: ‘Yo te voy a ayudar en todo’. Y así fue. Se fue a Valladolid a estudiar de practicante y comadrona.”

 

Mientras se mostraba el diploma original de 1932, aparecieron fragmentos de su vida atravesada por la Guerra Civil y la depuración franquista. Una de las participantes recordó:

“En 1937 me ayudó a venir a este mundo Rosalía. Mi madre decía que había puesto un colchón en la ventana para que no entraran las balas.”

 

Este capítulo de la conversación permitió profundizar en la dimensión histórica de la huella. La familia contó cómo Rosalía, formada en la universidad de Valladolid en un entorno masculino —“solo tres mujeres en Valladolid”— tuvo que esperar décadas para recibir el título oficial debido a la Guerra Civil y a la depuración de profesionales vinculadas a partidos republicanos y nacionalistas.

 

Los relatos continuaron enlazándose. Quienes habían nacido o crecido en Aramaio evocaron partos asistidos en los caseríos, curas improvisadas, motos que recorrían los barrios y casas siempre abiertas para quien necesitara ayuda. También el alcohol calentado en cazuelas; los algodones improvisados para salvar a bebés prematuros, y la prudencia para derivar partos complicados a un ginecólogo en Vitoria. Un participante relató riendo cómo Rosalía le “remendó el dedo”, mientras otras recordaban emplastos o curas hechas “sin anestesia, a base de gritos”.

 


Memorias que se abren

A lo largo del encuentro, fueron surgiendo otras historias que ampliaban la mirada sobre el pasado de Aramaio. Emergió un testimonio que reveló las tensiones del contexto político y social de la época. Pilar explicó que durante mucho tiempo se encargó de poner inyecciones a la población de Aramaio. Había hecho un curso de la Sección Femenina y como su familia tenía una tienda le tocó cumplir ese papel. Pilar relató la ocasión en que fue llamada a poner inyecciones en el cuartel de la Guardia Civil:

“Vinieron dos guardias civiles. Su mujer estaba en la cama y no podía moverse. Me dijeron que fuera al cuartel. Se me revolvieron las tripas… Ir al cuartel era duro, te ponían de chivata. Pero mi suegra me dijo: ‘Pilar, esos también son personas’. Y fui ocho días seguidos.

En torno a este relato se generó un silencio cargado de reconocimiento. El grupo comprendió de inmediato que no era solo una anécdota personal, sino una ventana a la complejidad de la vida cotidiana bajo el franquismo: la contradicción entre el deber deontológico y los principios políticos, el control social, el miedo al qué dirán, la vigilancia sobre las mujeres que tenían “acceso a casas ajenas”, y al mismo tiempo la ética del cuidado obligando a intervenir incluso cuando la situación era emocionalmente insoportable. Esta intervención permitió conectar la huella de las curanderas y matronas con un paisaje histórico más amplio, hecho de coerciones, silencios y decisiones difíciles.


Se habló de Lucía, la modista, cuya casa-taller fue un lugar de referencias para medio pueblo; de la pianista Amildur, a quien el cura y algunos hombres del coro impidieron tocar en la iglesia; y de las iñudes, las mujeres que dejaban a sus criaturas para amamantar a hijos ajenos en otras ciudades:

“Mujeres que no habían salido nunca de aquí y se fueron a Zaragoza o Burgos. Lo movía alguien… tenía que haber organización.”

La historia de Justa Lonbide, cuya bisnieta participó en el encuentro y días después envió fotografías familiares, generó especial interés y emoción.

 

También se recordó la figura de la telefonista del pueblo, encarcelada durante dos años tras recibir un “telefonema” que no entregó “a su debido tiempo”. Su vida, ligada al grupo de danzas y a la actividad cultural, abrió un espacio para reflexionar sobre la represión franquista en clave local.

 

Aprendizajes compartidos

La conversación permitió reconocer cómo el aislamiento geográfico del valle —la falta de médicos, carreteras, electricidad— había dado lugar a formas de organización comunitaria basadas en los saberes locales y en el apoyo mutuo. Las recetas populares aparecían como fragmentos de memoria domesticada:

 

“Para las quemaduras, saúco y vino”;
“Para el pecho, avena, aceite y tela de hilo”;
“Para las heridas, siempre jabón chimbo.”

 

También se habló de las diferencias entre los barrios y el centro, de la soledad que vivían muchas mujeres casadas en casas extensas del marido —“oso gogorra”— y de la migración de las jóvenes que marchaban “a servir” a otras ciudades sin apenas saber castellano.

 

El encuentro cerró con una sensación compartida de haber abierto un archivo vivo: un tejido de recuerdos que, al nombrarse, empezaba a tomar forma de historia.

 

 

Mirar al futuro de la memoria

 

Antes de despedirse, el grupo identificó dos necesidades que podrían guiar nuevos pasos. Por un lado, seguir recogiendo documentación, fotografías y testimonios familiares, especialmente sobre las mujeres cuyas historias surgieron durante la sesión, para ampliar la memoria colectiva del valle.

 

Por otro lado, se sugirió la conveniencia de fomentar espacios intergeneracionales donde las personas mayores puedan transmitir este patrimonio oral a generaciones más jóvenes, asegurando que estas memorias no vuelvan a quedar en el silencio.

 

El encuentro terminó con un piscolabis, fotografías sobre la mesa y pequeños grupos que seguían conversando. En cada voz quedó la certeza de que, al recordar juntas, la memoria se fortalece, y que las mujeres de Aramaio —curanderas, modistas, nodrizas, parteras, telefonistas— siguen siendo parte esencial del relato vivo del valle.
 


La memoria de las iñudes y las mujeres que fueron a servir


 

En el encuentro celebrado en Aramaio, la memoria colectiva dio un giro significativo cuando surgió el tema de las iñudes, las mujeres del valle que emigraron para amamantar a criaturas de familias acomodadas. Una participante abrió esta parte de la conversación, recordando un fenómeno apenas nombrado en la historia local pero muy presente en las familias:

 

«No nos debemos olvidar de las mujeres que tuvieron que salir con una familia hecha […] que tuvieron que salir a criar otros hijos. El sacrificio que estas mujeres tuvieron que hacer, dejando toda la familia.»

 

A partir de ahí, comenzaron a aflorar recuerdos: nombres, anécdotas, trayectorias que habían permanecido casi siempre en silencio. Se mencionó que al menos tres mujeres de Aramaio ejercieron como iñudes, y rápidamente se constató que debió de ser una práctica más extendida de lo que se imaginaba, muy relacionado con las redes de mujeres desplazadas para cuidar y servir en los hogares de familias pudientes. El caso de Bego, que con once hijos viajó “hasta Paraguay”, impresionó especialmente a las asistentes: “Mujeres que no habían salido nunca de aquí”, se señalaba subrayando la ruptura emocional y vital que implicaban estos desplazamientos.

 

Los testimonios coincidían en la idea de que este trabajo no era fruto del deseo, sino de la necesidad. Muchas mujeres se marchaban tras haber perdido a un hijo —lo que les permitía seguir amamantando— o en situaciones de precariedad familiar que dejaban pocas alternativas. Una participante lo resumió con claridad: «8-9 ume emakume batek uztea horrela… gustoz ez dut uste egingo zutenik» («Dejar aquí 8 o 9 criaturas así… no creo que lo hicieran por gusto»).

 

Los hijos e hijas se quedaban con las abuelas, que sostenían la vida cotidiana en ausencia de la madre, mientras esta debía integrarse en hogares urbanos desconocidos. Según relató un familiar de Justa Lonbide, la red que movía a estas mujeres debía de estar bien estructurada: «Supongo que habría alguna organización, algo, que funcionaba para recoger mujeres y llevarlas a Zaragoza o a Burgos.»

 

La conversación, muy viva, apuntó incluso a que el cura del pueblo podía mediar en esos contactos. En un artículo cedido por la familia de una de las Iñudes recordadas en la sesión, se explica el papel clave del clero en garantizar la “moralidad” de las nodrizas y en gestionar su contratación (Oihana Ameskua Pérez, 2023).

A lo largo del diálogo aparecieron ejemplos de mujeres que viajaron a Zaragoza, Burgos, Madrid, Sevilla e incluso a Sudamérica. En Cantabria, recordaba una participante, existe un museo dedicado a estas mujeres, señal de que lo sucedido en Aramaio formaba parte de una realidad más amplia del norte peninsular. De allí provenía, por ejemplo, la idea —recogida también en el artículo de Ameskua— de que en los viajes largos algunas nodrizas llevaban un perro cachorro para seguir extrayéndose leche y no perderla durante el trayecto.

 

Uno de los momentos más ricos del encuentro se produjo cuando varias personas contaron lo que sus familias habían conservado: fotos en las que las iñudes aparecían vestidas con ropa elegante; recuerdos de objetos que trajeron de vuelta (sábanas bordadas, ropa fina); historias de buen trato en algunos lugares y de explotación en otros. Un participante lo expresó así: «Oso ondo zainduta egon zirela… ‘al fin y al cabo eran las que alimentaban a sus hijos’.» («Estaban muy bien cuidadas… al fin y al cabo eran las que alimentaban a sus hijos.»)

 

A partir de estos relatos se reconstruyó algo más complejo que una simple relación laboral: la vida de las iñudes combinaba atención preferente por parte de las familias contratantes —que necesitaban que la nodriza estuviera fuerte, bien alimentada y disponible— con un grado alto de dependencia, aislamiento y adaptación. Las participantes imaginaron cómo sería aquella vida lejos del valle: aprender castellano deprisa —pues muchas solo sabían euskera—, integrarse en casas desconocidas, amamantar durante dos años a criaturas ajenas y mantener, siempre que se podía, algún tipo de vínculo afectivo con ellas. Una mujer contó que su abuela había amamantado en Vitoria y que mantuvo “mucha relación” con esa familia durante años.

 

Con todo, las historias de las iñudes están profundamente ligadas a otras formas de movilidad femenina. Varias mujeres recordaron las experiencias de quienes, siendo muy jóvenes, se marcharon a Madrid a servir como internas. Aquellas chicas llegaron sin hablar castellano, y uno de los relatos más recordados fue el de la joven que pidió un paraguas para salir a la calle argumentando que hacía “sirimiri”, dejando desconcertada a su patrona. Aunque en destinos distintos, el patrón se repetía: trabajo doméstico femenino al servicio de familias de mayor estatus, lejanía del hogar, aprendizajes rápidos y una gran capacidad de adaptación.

 

A partir de estas voces, el grupo trazó paralelos con fenómenos actuales. Aunque nadie utilizó explícitamente el término, las descripciones coincidían con lo que hoy se denomina cadena global de cuidados: mujeres que cuidan lejos de sus propias familias, en contextos más enriquecidos, mientras otras mujeres —madres, abuelas, vecinas— sostienen la vida cotidiana en su ausencia.

 

El encuentro dejó claro que este legado permanece fragmentado, guardado en las casas y transmitido a media voz. Como dijo la biznieta de Justa: «Historia hau guztia isiltasunean eraman da… oso zaila da jakitea jendea nola antolatzen zen» («Toda esta historia se ha llevado en silencio… es muy difícil saber cómo se organizaba la gente»).

Sin embargo, lo que sí se conoce —a partir de los relatos familiares y del trabajo de investigación como el de Ameskua— permite afirmar que las iñudes desempeñaron un papel crucial en las economías domésticas del valle. Algunas trajeron algo de dinero, otras regresaron con apenas unos objetos, pero todas dejaron una huella en sus familias y en la historia del territorio.

 

La sesión concluyó con la sensación compartida de que esta historia merece ser investigada con más detalle, buscando fotografías, documentos o relatos que permitan reconstruirla. Las iñudes de Aramaio —junto con las jóvenes que emigraron a servir— forman parte de un capítulo fundamental de la memoria femenina local: una memoria tejida a base de trabajo invisible, de afectos desplazados y de vidas atravesadas por las desigualdades de su tiempo.
 


retrato de Rosalia Ormaechea

Retrato de Rosalía Ormaetxea


  • QUIÉN LA CEDE: Garbiñe
  • AUTORÍA: -
  • FECHA DE CREACIÓN: -
  • DESCRIPCIÓN EMIC:  “La foto de mi madre”
  • DESCRIPCIÓN ETIC: Retrato de Rosalía Ormaetxea, matrona de Aramaio


Páginas del expediente de depuración de Rosalía Ormaetxea


  • QUIÉN LA CEDE: Garbiñe
  • AUTORÍA: -
  • FECHA DE CREACIÓN: -
  • DESCRIPCIÓN EMIC:  -
  • DESCRIPCIÓN ETIC: Tres páginas del Expediente de depuración de Rosalía Ormaetxea relativas a???


titulo universitario

Título universitario Rosalía Ormaetxea


  • Quién la cede: Garbiñe
  • Autoría: Gobierno de la República de España
  • Fecha de creación: 1932
  • Descripción EMIC:  “es el Diploma de matrona de mi madre…”
  • Descripción: Diploma que acredita la formación reglada de matrona en la Universidad de Valladolid, emitido el año 1932, por el Gobierno de la República de España.


foto maria

Fotografía de María Trojaola


  • QUIÉN LA CEDE: Garbiñe
  • AUTORÍA: -
  • FECHA DE CREACIÓN: -
  • DESCRIPCIÓN EMIC:  “Mi abuela María”
  • DESCRIPCIÓN ETIC: Fotografía de Maria Trojaola, la curandera de aramaio, cosiendo.


Laia

 

laia.araba.eus

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Activar la memoria de las mujeres en Álava: un recorrido colectivo por las cuadrillas


 

Este espacio web recoge el resultado de un proceso de encuentros para la activación de la memoria histórica de las mujeres en el territorio alavés. Un recorrido que ha atravesado distintas cuadrillas y municipios, y que ha tenido como eje común una pregunta sencilla y, a la vez, profundamente política: ¿qué historias se han contado sobre nuestro pasado y cuáles han quedado fuera del relato?

 

A lo largo de varios meses, mujeres y hombres de distintas edades, trayectorias y procedencias se han reunido para compartir recuerdos, experiencias y saberes vinculados a la vida cotidiana, al trabajo, a los cuidados, a la participación comunitaria y a las estrategias de supervivencia que sostuvieron —y siguen sosteniendo— la vida en pueblos y ciudades de Álava. No se trataba de “rescatar” una memoria perdida, sino de crear las condiciones para que esas memorias pudieran emerger, ponerse en común y ser reconocidas como parte fundamental de la historia colectiva.

 

El proceso se ha articulado a través de encuentros locales, uno en cada cuadrilla, concebidos como espacios de conversación y escucha. En cada sesión se presentó una huella histórica concreta —una figura, un oficio, una práctica o un ámbito de la vida social— que sirvió como detonante para activar recuerdos individuales y colectivos. A partir de ahí, la conversación se abrió, se ramificó y fue tejiendo un mapa amplio y diverso de experiencias femeninas: algunas compartidas, otras contradictorias; unas marcadas por el orgullo, otras por la dureza; todas atravesadas por el contexto social, económico y político de su tiempo.

 

Las entradas que se presentan a continuación no son transcripciones literales de esos encuentros, ni tampoco resúmenes técnicos. Son textos divulgativos que nacen de la sistematización de las conversaciones, de los audios grabados y de los materiales compartidos —fotografías, documentos, objetos—, y que buscan trasladar al público lector algo de lo que allí ocurrió: las imágenes evocadas, las voces, las emociones, las preguntas que quedaron abiertas.

 

Para cada cuadrilla se han elaborado dos tipos de entrada. Por un lado, una entrada general, que recoge el clima del encuentro, los principales temas abordados y las memorias compartidas. Por otro, una entrada de nueva huella, centrada en uno de los aspectos que emergieron con especial fuerza en la conversación y que permite profundizar en él con mayor detalle. Ambas están pensadas como lecturas complementarias.

 

Este trabajo no habría sido posible sin la implicación activa de las personas participantes. Muchas de ellas compartieron recuerdos íntimos, experiencias de vida, historias familiares y saberes que nunca antes habían sido narrados en público. Otras trajeron objetos, fotografías o documentos que ayudaron a materializar la memoria. A todas ellas queremos expresar un agradecimiento profundo por su generosidad, su confianza y su disposición a convertir lo vivido en memoria compartida.

 

También queremos agradecer la colaboración de asociaciones locales, personal técnico, responsables municipales y agentes comunitarios que han facilitado los espacios, las convocatorias y el cuidado de cada encuentro. Este proceso ha sido, en sí mismo, un ejercicio colectivo de cuidado y reconocimiento.

 

Las historias que aquí se recogen no pretenden cerrar un relato ni ofrecer una versión definitiva del pasado. Al contrario: aspiran a abrirlo, a complejizarlo y a mostrar que la historia de Álava también se ha construido —y se sigue construyendo— desde los trabajos invisibilizados, los cuidados cotidianos, las redes informales y las decisiones tomadas en espacios que rara vez aparecen en los libros.

 

Invitamos a recorrer estas entradas con tiempo y curiosidad. A leerlas como quien entra en una casa llena de voces, de recuerdos y de vida. Porque hacer memoria no es solo mirar atrás: es también una forma de comprender el presente y de imaginar, juntas, otros futuros posibles.

 


Amplía información sobre este encuentro


Material

 

titulo universitario

Título universitario Rosalía Ormaetxea


  • Quién la cede: Garbiñe
  • Autoría: Gobierno de la República de España
  • Fecha de creación: 1932
  • Descripción EMIC:  “es el Diploma de matrona de mi madre…”
  • Descripción: Diploma que acredita la formación reglada de matrona en la Universidad de Valladolid, emitido el año 1932, por el Gobierno de la República de España.

retrato de Rosalia Ormaechea

Retrato de Rosalía Ormaetxea


  • QUIÉN LA CEDE: Garbiñe
  • AUTORÍA: -
  • FECHA DE CREACIÓN: -
  • DESCRIPCIÓN EMIC:  “La foto de mi madre”
  • DESCRIPCIÓN ETIC: Retrato de Rosalía Ormaetxea, matrona de Aramaio

Páginas del expediente de depuración de Rosalía Ormaetxea


  • QUIÉN LA CEDE: Garbiñe
  • AUTORÍA: -
  • FECHA DE CREACIÓN: -
  • DESCRIPCIÓN EMIC:  -
  • DESCRIPCIÓN ETIC: Tres páginas del Expediente de depuración de Rosalía Ormaetxea relativas a???

foto maria

Fotografía de María Trojaola


  • QUIÉN LA CEDE: Garbiñe
  • AUTORÍA: -
  • FECHA DE CREACIÓN: -
  • DESCRIPCIÓN EMIC:  “Mi abuela María”
  • DESCRIPCIÓN ETIC: Fotografía de Maria Trojaola, la curandera de aramaio, cosiendo.

Casa Familiar

Fotografía de la casa familiar


  • QUIÉN LA CEDE: Garbiñe
  • AUTORÍA: Gobierno de la República de España
  • FECHA DE CREACIÓN: 1932
  • DESCRIPCIÓN EMIC:  “es el Diploma de matrona de mi madre…”
  • DESCRIPCIÓN ETIC: Diploma que acredita la formación reglada de matrona en la Universidad de Valladolid, emitido el año 1932, por el Gobierno de la República de España.

titulo universitario

Título universitario Rosalía Ormaetxea


  • QUIÉN LA CEDE: Garbiñe
  • AUTORÍA: -
  • FECHA DE CREACIÓN: -
  • DESCRIPCIÓN EMIC:  “Esta es la casa de mi abuela la curandera, en el balcón está mi madre y cinco de sus hermanos y una sobrina, el de la ventana es mi bisabuelo. Mi madre es la de oscuro”
  • DESCRIPCIÓN ETIC: Fotografía de la casa de María Trojaola y su familia. En el balcón aparecen algunos de los miembros de la familia