La memoria de las iñudes y las mujeres que fueron a servir

La memoria de las iñudes y las mujeres que fueron a servir


 

En el encuentro celebrado en Aramaio, la memoria colectiva dio un giro significativo cuando surgió el tema de las iñudes, las mujeres del valle que emigraron para amamantar a criaturas de familias acomodadas. Una participante abrió esta parte de la conversación, recordando un fenómeno apenas nombrado en la historia local pero muy presente en las familias:

 

«No nos debemos olvidar de las mujeres que tuvieron que salir con una familia hecha […] que tuvieron que salir a criar otros hijos. El sacrificio que estas mujeres tuvieron que hacer, dejando toda la familia.»

 

A partir de ahí, comenzaron a aflorar recuerdos: nombres, anécdotas, trayectorias que habían permanecido casi siempre en silencio. Se mencionó que al menos tres mujeres de Aramaio ejercieron como iñudes, y rápidamente se constató que debió de ser una práctica más extendida de lo que se imaginaba, muy relacionado con las redes de mujeres desplazadas para cuidar y servir en los hogares de familias pudientes. El caso de Bego, que con once hijos viajó “hasta Paraguay”, impresionó especialmente a las asistentes: “Mujeres que no habían salido nunca de aquí”, se señalaba subrayando la ruptura emocional y vital que implicaban estos desplazamientos.

 

Los testimonios coincidían en la idea de que este trabajo no era fruto del deseo, sino de la necesidad. Muchas mujeres se marchaban tras haber perdido a un hijo —lo que les permitía seguir amamantando— o en situaciones de precariedad familiar que dejaban pocas alternativas. Una participante lo resumió con claridad: «8-9 ume emakume batek uztea horrela… gustoz ez dut uste egingo zutenik» («Dejar aquí 8 o 9 criaturas así… no creo que lo hicieran por gusto»).

 

Los hijos e hijas se quedaban con las abuelas, que sostenían la vida cotidiana en ausencia de la madre, mientras esta debía integrarse en hogares urbanos desconocidos. Según relató un familiar de Justa Lonbide, la red que movía a estas mujeres debía de estar bien estructurada: «Supongo que habría alguna organización, algo, que funcionaba para recoger mujeres y llevarlas a Zaragoza o a Burgos.»

 

La conversación, muy viva, apuntó incluso a que el cura del pueblo podía mediar en esos contactos. En un artículo cedido por la familia de una de las Iñudes recordadas en la sesión, se explica el papel clave del clero en garantizar la “moralidad” de las nodrizas y en gestionar su contratación (Oihana Ameskua Pérez, 2023).

A lo largo del diálogo aparecieron ejemplos de mujeres que viajaron a Zaragoza, Burgos, Madrid, Sevilla e incluso a Sudamérica. En Cantabria, recordaba una participante, existe un museo dedicado a estas mujeres, señal de que lo sucedido en Aramaio formaba parte de una realidad más amplia del norte peninsular. De allí provenía, por ejemplo, la idea —recogida también en el artículo de Ameskua— de que en los viajes largos algunas nodrizas llevaban un perro cachorro para seguir extrayéndose leche y no perderla durante el trayecto.

 

Uno de los momentos más ricos del encuentro se produjo cuando varias personas contaron lo que sus familias habían conservado: fotos en las que las iñudes aparecían vestidas con ropa elegante; recuerdos de objetos que trajeron de vuelta (sábanas bordadas, ropa fina); historias de buen trato en algunos lugares y de explotación en otros. Un participante lo expresó así: «Oso ondo zainduta egon zirela… ‘al fin y al cabo eran las que alimentaban a sus hijos’.» («Estaban muy bien cuidadas… al fin y al cabo eran las que alimentaban a sus hijos.»)

 

A partir de estos relatos se reconstruyó algo más complejo que una simple relación laboral: la vida de las iñudes combinaba atención preferente por parte de las familias contratantes —que necesitaban que la nodriza estuviera fuerte, bien alimentada y disponible— con un grado alto de dependencia, aislamiento y adaptación. Las participantes imaginaron cómo sería aquella vida lejos del valle: aprender castellano deprisa —pues muchas solo sabían euskera—, integrarse en casas desconocidas, amamantar durante dos años a criaturas ajenas y mantener, siempre que se podía, algún tipo de vínculo afectivo con ellas. Una mujer contó que su abuela había amamantado en Vitoria y que mantuvo “mucha relación” con esa familia durante años.

 

Con todo, las historias de las iñudes están profundamente ligadas a otras formas de movilidad femenina. Varias mujeres recordaron las experiencias de quienes, siendo muy jóvenes, se marcharon a Madrid a servir como internas. Aquellas chicas llegaron sin hablar castellano, y uno de los relatos más recordados fue el de la joven que pidió un paraguas para salir a la calle argumentando que hacía “sirimiri”, dejando desconcertada a su patrona. Aunque en destinos distintos, el patrón se repetía: trabajo doméstico femenino al servicio de familias de mayor estatus, lejanía del hogar, aprendizajes rápidos y una gran capacidad de adaptación.

 

A partir de estas voces, el grupo trazó paralelos con fenómenos actuales. Aunque nadie utilizó explícitamente el término, las descripciones coincidían con lo que hoy se denomina cadena global de cuidados: mujeres que cuidan lejos de sus propias familias, en contextos más enriquecidos, mientras otras mujeres —madres, abuelas, vecinas— sostienen la vida cotidiana en su ausencia.

 

El encuentro dejó claro que este legado permanece fragmentado, guardado en las casas y transmitido a media voz. Como dijo la biznieta de Justa: «Historia hau guztia isiltasunean eraman da… oso zaila da jakitea jendea nola antolatzen zen» («Toda esta historia se ha llevado en silencio… es muy difícil saber cómo se organizaba la gente»).

Sin embargo, lo que sí se conoce —a partir de los relatos familiares y del trabajo de investigación como el de Ameskua— permite afirmar que las iñudes desempeñaron un papel crucial en las economías domésticas del valle. Algunas trajeron algo de dinero, otras regresaron con apenas unos objetos, pero todas dejaron una huella en sus familias y en la historia del territorio.

 

La sesión concluyó con la sensación compartida de que esta historia merece ser investigada con más detalle, buscando fotografías, documentos o relatos que permitan reconstruirla. Las iñudes de Aramaio —junto con las jóvenes que emigraron a servir— forman parte de un capítulo fundamental de la memoria femenina local: una memoria tejida a base de trabajo invisible, de afectos desplazados y de vidas atravesadas por las desigualdades de su tiempo.