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Emakumeak zientzian
Emakumeak zientzian
30-01-2026

Emakumeak Zientzian es una iniciativa colectiva impulsada por 34 entidades de la red de ciencia y tecnología de Euskal Herria, con el objetivo de visibilizar la contribución de las mujeres en la ciencia y la tecnología, romper los estereotipos de género y fomentar las vocaciones científicas entre niñas y jóvenes.

El proyecto dio sus primeros pasos en 2017, tras la proclamación por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 11 de febrero como Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Desde entonces, Emakumeak Zientzian ha vivido una evolución constante, adaptándose a los nuevos retos de la sociedad, del sistema educativo y del entorno científico.

 

La primera ola

Desde hace diez años y hasta hoy, las voces que recorren el camino hacia una ciencia más inclusiva e igualitaria.

 

 

 

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Aiaraldea-Okondo - Encuentro por la Igualdad de Aiaraldea, 2025. ‘Mujer y Deporte’
Arte, empoderamiento y escenario
31-10-2025

El 25 de octubre se celebró en la Kultur etxea de Okondo el Encuentro comarcal por la Igualdad de 2025, bajo el lema ‘Arte, Empoderamiento y Escenario’

 

El programa comenzó a las 11:00 con la bienvenida institucional a la que siguió la mesa redonda formada por  Izaskun Alonso Saratxaga, Raisa Álava Robina, Kaitin Allande Zaldunbide, Bambi y Enkarna Delgado, todas ellas artistas-creadoras de la comarca. También se pudo disfrutar de una exposición con diferentes creaciones de mujeres artistas de Aiaraldea. 

 

Iera Garaio Ibarrondo se encargó de dinamizar la jornada.

 

El encuentro se cerró con una actuación de baile a cargo de  Paula Urkijo Serrano.

 

 

 


 

TEMAS

 

AL realizar los encuentros hemos encontrado una gran variedad de temas que te pueden interesar:

 

Oficios, trabajos y funciones

Seroras / freilas  Patronas Salineras  Mondongueras Parteras/matronas  Amortajadoras Extraperlistas  Tratantes Comerciantes  Taberneras Lavanderas  Maestras Iñudes / amas de leche  Modistas Curanderas  Mujeres que ponían la inyección Cuidadoras  Cargo político Agricultoras/Ganaderas  Obreras industriales Sirvientas (“ir a servir”)  

 

 

Economía y subsistencia

Organización cotidiana de la vida familiar   TruequeEstraperlo Fiado Ocio y tiempo libre

 

 

Cuidados y sostenimiento de la vida

Cuidados Crianza Conciliación Salud comunitaria Nacimiento Rituales de paso Uso de plantas y saberes medicinales

 

 

Educación y valores

Educación Escuela Valores y moralidad Religión Socialización

 

Cuerpo, relaciones afectivas

Sexualidad y Reproducción Relaciones afectivasControl del cuerpo

 

Poder, desigualdad y control

División sexual del trabajo Segregación sexual en la infancia Represión sexista Control social y religioso Apropiación Depuración Silenciamiento Mujeres pioneras

 

Cultura, memoria e identidad

Historia Memoria colectiva Tradición Fiestas Migración Arraigo Identidad local y Patrimonio Reconocimiento Invisibilización Memoria familiar

 

Etiquetas temporales

Prehistoria Edad Media Modernidad II República Guerra Civil Posguerra Franquismo Democracia Actualidad

 

Espacios

Casa (Hogar) Baserri Iglesia / Ermita Lavadero Calle/Plaza Campo Fábrica Tienda Baile

 

Redes y organización social

Redes de mujeres Comunidad Asociación Amistades Familia Linaje


Encuentro para la Memoria de las Mujeres en Aramaio


 

Salón de Plenos del Ayuntamiento · 13 de octubre

 

 

La tarde del 13 de octubre, el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Aramaio acogió el primer Encuentro para la Memoria de las Mujeres en la Historia de Álava, impulsado por la Diputación Foral de Álava. Las sillas dispuestas en círculo, el ambiente cercano y el uso natural del euskera y el castellano crearon un espacio cálido, preparado para escuchar y recordar colectivamente.

 

La sesión comenzó con una presentación del proyecto y del propósito que lo sostenía: revisar la historia desde las vidas, trabajos y saberes de las mujeres alavesas. En este encuentro, la huella seleccionada para Gorbeialdea —el linaje de curanderas y parteras formado por María Trojaola y su hija Rosalía Ormaetxea— actuó como punto de partida para abrir la memoria familiar y comunitaria del valle.

 

Muy pronto fueron las propias asistentes quienes comenzaron a reconstruir la historia. La primera voz fue la de la familia de las protagonistas, que aportó los recuerdos transmitidos por generaciones. Una nieta relató:

“Mi padre, hijo de la curandera María, contaba que su madre había aprendido de una enfermera de Oñate… Le enseñó a curar heridas, piernas rotas. La casa estaba siempre llena. A los que tenían rota la espalda les metían en una caja para inmovilizarles.”

 

A partir de este testimonio inicial se abrió un mosaico muy rico sobre la figura de María Trojaola: la casa siempre llena, las curas hechas “sin anestesia, a base de gritos”, personas que venían desde Mondragón o Elorrio, y una habilidad que traspasaba generaciones.

 

Una de sus nietas que había “vivido en esa casa” recordaba cómo, siendo niña, veía a su abuela poner huesos en su sitio con firmeza, mientras otra contaba que todavía hoy un hombre de Mondragón presume de que “la curandera” le dejó el brazo “de maravilla”. Los relatos coincidían en describir un saber práctico transmitido de madre a hija, una autoridad reconocida en todo el valle y un sistema de salud comunitario en el que la figura de María era un referente casi ineludible.

 

La figura de Rosalía, la hija, fue apareciendo entre recuerdos que mezclaban admiración y resistencia. Una de las mujeres de la familia explicó cómo decidió estudiar en Valladolid:

 

“Mi madre siempre decía que quería más, más. Que quería estudiar enfermería. Y la abuela le dijo: ‘Yo te voy a ayudar en todo’. Y así fue. Se fue a Valladolid a estudiar de practicante y comadrona.”

 

Mientras se mostraba el diploma original de 1932, aparecieron fragmentos de su vida atravesada por la Guerra Civil y la depuración franquista. Una de las participantes recordó:

“En 1937 me ayudó a venir a este mundo Rosalía. Mi madre decía que había puesto un colchón en la ventana para que no entraran las balas.”

 

Este capítulo de la conversación permitió profundizar en la dimensión histórica de la huella. La familia contó cómo Rosalía, formada en la universidad de Valladolid en un entorno masculino —“solo tres mujeres en Valladolid”— tuvo que esperar décadas para recibir el título oficial debido a la Guerra Civil y a la depuración de profesionales vinculadas a partidos republicanos y nacionalistas.

 

Los relatos continuaron enlazándose. Quienes habían nacido o crecido en Aramaio evocaron partos asistidos en los caseríos, curas improvisadas, motos que recorrían los barrios y casas siempre abiertas para quien necesitara ayuda. También el alcohol calentado en cazuelas; los algodones improvisados para salvar a bebés prematuros, y la prudencia para derivar partos complicados a un ginecólogo en Vitoria. Un participante relató riendo cómo Rosalía le “remendó el dedo”, mientras otras recordaban emplastos o curas hechas “sin anestesia, a base de gritos”.

 


Memorias que se abren

A lo largo del encuentro, fueron surgiendo otras historias que ampliaban la mirada sobre el pasado de Aramaio. Emergió un testimonio que reveló las tensiones del contexto político y social de la época. Pilar explicó que durante mucho tiempo se encargó de poner inyecciones a la población de Aramaio. Había hecho un curso de la Sección Femenina y como su familia tenía una tienda le tocó cumplir ese papel. Pilar relató la ocasión en que fue llamada a poner inyecciones en el cuartel de la Guardia Civil:

“Vinieron dos guardias civiles. Su mujer estaba en la cama y no podía moverse. Me dijeron que fuera al cuartel. Se me revolvieron las tripas… Ir al cuartel era duro, te ponían de chivata. Pero mi suegra me dijo: ‘Pilar, esos también son personas’. Y fui ocho días seguidos.

En torno a este relato se generó un silencio cargado de reconocimiento. El grupo comprendió de inmediato que no era solo una anécdota personal, sino una ventana a la complejidad de la vida cotidiana bajo el franquismo: la contradicción entre el deber deontológico y los principios políticos, el control social, el miedo al qué dirán, la vigilancia sobre las mujeres que tenían “acceso a casas ajenas”, y al mismo tiempo la ética del cuidado obligando a intervenir incluso cuando la situación era emocionalmente insoportable. Esta intervención permitió conectar la huella de las curanderas y matronas con un paisaje histórico más amplio, hecho de coerciones, silencios y decisiones difíciles.


Se habló de Lucía, la modista, cuya casa-taller fue un lugar de referencias para medio pueblo; de la pianista Amildur, a quien el cura y algunos hombres del coro impidieron tocar en la iglesia; y de las iñudes, las mujeres que dejaban a sus criaturas para amamantar a hijos ajenos en otras ciudades:

“Mujeres que no habían salido nunca de aquí y se fueron a Zaragoza o Burgos. Lo movía alguien… tenía que haber organización.”

La historia de Justa Lonbide, cuya bisnieta participó en el encuentro y días después envió fotografías familiares, generó especial interés y emoción.

 

También se recordó la figura de la telefonista del pueblo, encarcelada durante dos años tras recibir un “telefonema” que no entregó “a su debido tiempo”. Su vida, ligada al grupo de danzas y a la actividad cultural, abrió un espacio para reflexionar sobre la represión franquista en clave local.

 

Aprendizajes compartidos

La conversación permitió reconocer cómo el aislamiento geográfico del valle —la falta de médicos, carreteras, electricidad— había dado lugar a formas de organización comunitaria basadas en los saberes locales y en el apoyo mutuo. Las recetas populares aparecían como fragmentos de memoria domesticada:

 

“Para las quemaduras, saúco y vino”;
“Para el pecho, avena, aceite y tela de hilo”;
“Para las heridas, siempre jabón chimbo.”

 

También se habló de las diferencias entre los barrios y el centro, de la soledad que vivían muchas mujeres casadas en casas extensas del marido —“oso gogorra”— y de la migración de las jóvenes que marchaban “a servir” a otras ciudades sin apenas saber castellano.

 

El encuentro cerró con una sensación compartida de haber abierto un archivo vivo: un tejido de recuerdos que, al nombrarse, empezaba a tomar forma de historia.

 

 

Mirar al futuro de la memoria

 

Antes de despedirse, el grupo identificó dos necesidades que podrían guiar nuevos pasos. Por un lado, seguir recogiendo documentación, fotografías y testimonios familiares, especialmente sobre las mujeres cuyas historias surgieron durante la sesión, para ampliar la memoria colectiva del valle.

 

Por otro lado, se sugirió la conveniencia de fomentar espacios intergeneracionales donde las personas mayores puedan transmitir este patrimonio oral a generaciones más jóvenes, asegurando que estas memorias no vuelvan a quedar en el silencio.

 

El encuentro terminó con un piscolabis, fotografías sobre la mesa y pequeños grupos que seguían conversando. En cada voz quedó la certeza de que, al recordar juntas, la memoria se fortalece, y que las mujeres de Aramaio —curanderas, modistas, nodrizas, parteras, telefonistas— siguen siendo parte esencial del relato vivo del valle.